Ambos medios destacan que la red social fomenta la desinformación y la prevalencia de ideas que atentan contra los derechos humanos. En el caso del diario británico, señala que Elon Musk utiliza X para «moldear el discurso político»
Recientemente el tradicional diario británico The Guardian anunció a sus lectores que no continuará publicando noticias en sus cuentas oficiales en X por considerar «tóxica» esa red social, su par español La Vanguardia hizo pública ayer la misma decisión.
Mientras que para The Guardian, los perjuicios de estar en X (ex Twitter) «pesan más» ahora que los beneficios, La Vanguardia explicó que dejará de publicar «tuits» de forma directa en la red social porque entiende que se convirtió en una «red de desinformación» desde la llegada del multimillonario Elon Musk.
Según el diario de Barcelona, X se transformó en «una plataforma en la que encuentran una caja de resonancia, las teorías de la conspiración y la desinformación».
La Vanguardia fundamentó su determinación en la reciente campaña electoral en los Estados Unidos o las «mentiras» que se divulgaron en relación con la DANA en Valencia. El diario constata que las ideas que atentan contra los derechos humanos, como el odio a las minorías étnicas, la misoginia y el racismo forman parte de los contenidos virales que se distribuyen en X.
No obstante, el medio aclaró que continuará siguiendo a personas, entidades, empresas e instituciones para poder informar a sus lectores de mensajes y debates que puedan producirse en X.
En el caso de The Guardian, que anunció su decisión el miércoles, se trató de una medida que «se venía evaluando» y que la campaña presidencial en los Estados Unidos dirimió al confirmar sus inquietudes sobre la toxicidad de la red social, usada por Elon Musk para «moldear el discurso político», argumentaron.
En los últimos tiempos, el diario británico viene expresando su preocupación por los desafíos que enfrenta en el actual ecosistema de medios, el cual describió como dominado «por un puñado de propietarios multimillonarios» y cada vez más marcado por la desinformación y la presión de grupos de poder.
Entre los problemas principales, The Guardian destacó la propagación de noticias falsas en redes sociales para fomentar la intolerancia y los esfuerzos de personas influyentes para frenar la publicación de investigaciones incómodas a sus intereses.






































































