Jaguares no pudo con Crusaders, que lo derrotó por 19 a 3 en el Orangetheory Stadium en Christchurch, Nueva Zelanda.
Fue la primera final de Super Rugby en la historia de la franquicia argentina. El equipo dirigido por Gonzalo Quesada debió resistir la presión rival desde el primer segundo de juego, y lo hizo con un poder de concentración y una intensidad defensiva impecable.
En tanto, la iniciativa estuvo del lado de los bicampeones, que contaron con la posesión de la pelota y el dominio territorial. Así, Jaguares se dedicó a mantener una defensa pulcra (su primer penal fue recién a los 31 minutos) y con el pie de Joaquín Díaz Bonilla para aliviar presión.
Los argentinos empezaron arriba en el marcador gracias al penal de Joaquín Díaz Bonilla al cuarto de hora de partido, pero hasta ahí llegó la anotación de los Jaguares.
Todos los demás puntos fueron para los Crusaders, que sólo consiguieron un try, obra de Codie Taylor en el 25, para estrenar el marcador de los locales.
La misión era muy difícil para los Jaguares, ante un equipo que apenas perdió dos de sus dieciséis partidos en la temporada regular y que ya le había derrotado en sus dos enfrentamientos anteriores.
Creados hace apenas cuatro años, los Jaguares tuvieron la temporada de su consagración entre los grandes del torneo, con una recta final de temporada espectacular y viviendo noches para la historia como las victorias en cuartos contra los Chiefs neozelandeses y ante los Brumbies australianos en semifinales, en ambos casos en Buenos Aires.
Esta vez el partido era fuera de casa y en la cancha de los Crusaders, invictos como locales este curso y que confirmaron que su AMI Stadium es un auténtico fortín.



































































