Cada 20 de agosto, se celebra el Día del Activismo de la Diversidad Sexual por el fallecimiento de Carlos Jáuregui, que ocurrió en 1996.
A 25 años de su muerte, la sombra que arroja su figura sobre la historia del movimiento LGBTIQ+ local no ha hecho más que agigantarse: es el máximo referente de la lucha por los derechos de esa comunidad en la Argentina. Una plaza en el barrio de Constitución y una estación de subte llevan su nombre.
Nació en La Plata un 22 de septiembre de 1957, tres años antes que su hermano Roberto, primer activista por los derechos de las personas con VIH-sida. En 1984 fue elegido primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), organización creada con el propósito de luchar por la derogación de las normas represivas aplicadas contra la comunidad, e instalar el concepto del libre ejercicio de la sexualidad como un derecho humano de tercera generación.

Alejado de la misma, en 1991 fundó además la asociación Gays por los Derechos Civiles y en 1992 encabezó la primera marcha del Orgullo Gay Lésbico en Buenos Aires.
Ayudó a impulsar el primer proyecto de unión civil y la inclusión de la orientación sexual en la cláusula anti-discriminatoria de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. Además, presentó una querella contra el arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino por discriminación.
Jáuregui basó gran parte de su activismo en la búsqueda de visibilidad mediática y la política de «darse a conocer», por lo cuál escribió en diarios, participó en programas de televisión y publicó el libro Homosexualidad en Argentina.



































































