Operarios de la fábrica de autopartes llegaron este lunes a trabajar como cualquier día normal y se encontraron con las puertas cerradas, sin telegramas, ni respuestas de la patronal
Una histórica fábrica de autopartes bajó sus persianas de la peor manera. Los trabajadores de Crucianelli, la empresa familiar ubicada en barrio Cabildo, llegaron este lunes para cumplir con la jornada laboral, pero se encontraron con una escena inesperada: las puertas estaban soldadas tanto por dentro como por fuera, los dueños no aparecieron y los teléfonos no dieron respuesta. Tampoco hubo telegramas, avisos ni explicaciones sobre el cierre.
El último día de actividad había sido el viernes, con una jornada normal de ocho horas. Según el relato de los empleados, nadie les comunicó ninguna decisión empresarial: «Entramos y salimos en el horario de siempre. Nadie nos dijo nada. Hoy llegamos y nos encontramos con todo cerrado», explicó uno de los trabajadores afectados.
Entre los operarios hay personas con más de 30 años de antigüedad. Uno de ellos, contó en diálogo con La Voz que lleva 36 años en la empresa. «Desayunamos con la fábrica cerrada. No sabés qué pensar ni qué hacer», relató. La planta abastecía a empresas como Toyota, de manera indirecta a través de otras firmas autopartistas.
La empresa arrastra deudas salariales con todo el personal que incluyen una quincena vencida, otra con vencimiento el día de la fecha, además del medio aguinaldo y las vacaciones.
En tanto, la falta de respuestas de la patronal mantiene en incertidumbre el cobro de las indemnizaciones obligatorias. Además, la situación del personal se complica por la interrupción de las coberturas de salud debido a que la empresa no realiza los aportes correspondientes desde hace ocho meses.




































































