Luego de que el líder ruso, Vladimir Putin, reconociera las regiones de Donetsk y Lugansk -dos áreas separatistas pro-rusas ubicadas al este de Ucrania- y enviara tropas para el «mantenimiento de la paz» en el territorio, la reacción de los Estados Unidos y la Unión Europea (UE) fue inmediata.
El presidente estadounidense, Joe Biden, anunció un primer paquete de sanciones destinadas a golpear la economía rusa. Las medidas incluyen un «bloqueo total» a dos grandes bancos rusos: VEB y Promsvyazbank, el banco militar, que reúnen u$s 80.000 millones en activos entre ambos.
También impuso sanciones sobre la deuda soberana de Rusia: «Hemos aislado al gobierno de Rusia de la financiación occidental. Ya no puede obtener dinero de Occidente y tampoco puede negociar su nueva deuda en nuestros mercados ni en los europeos», explicó. Agregó que en los próximos días comenzarían las medidas sobre los oligarcas rusos y sus familiares.
El norteamericano también ordenó la movilización de tropas y equipos a Estonia, Letonia y Lituania, para reforzar la posición de la OTAN en el Báltico.
«Sin dudas, Rusia se ha movido contra Ucrania», dijo Biden y calificó los últimos movimientos como «el comienzo de la invasión». El mandatario no descartó que Rusia pueda ir más allá en su intención de lanzar un ataque militar masivo sobre Ucrania en los próximos días, teniendo en cuenta que hay 150.000 tropas rusas en la frontera, al norte en Bielorrusia y al sur en el Mar Negro.
Al respecto, el secretario general de la alianza militar, Jens Stoltenberg, indicó que las tropas rusas están «listas para atacar». Sin embargo, no anunció nuevos movimientos significativos y sólo se limitó a decir que estaban reforzando sus posiciones en los países del este de Europa y que podrían aumentar su presencia «de ser necesario».



































































