La fecha se estableció a instancias de una ley sancionada por el Congreso en 2014, en honor al caudillo Andrés Guacurarí y Artigas. El mate está presente en más del 90% de los hogares argentinos
El Día Nacional del Mate es una de las efemérides más destacadas del calendario y se celebra cada 30 de noviembre como reconocimiento a la infusión que se consume en la mayoría de los hogares argentinos.
El mate forma parte de la esencia argentina y por esto a través de la Ley 27.117 se estableció en honor al caudillo Andrés Guacurarí y Artigas, que nació un 30 de noviembre de 1778.
«Andresito», como lo apodaban, fomentó la producción e impulsó la comercialización de la yerba mate durante su mandato como Gobernador de Misiones, entre 1815 y 1819. Era de raíces indígenas y tuvo como colaborador a José Gervasio de Artigas, quien lo apadrinó y lo adoptó legalmente.
En la Argentina, tomar mate implica mucho más que beber una infusión, se trata de un hábito que es sinónimo de encuentro, de compartir, pero también ayuda a reflexionar en momentos solitarios; trasciende edades y estratos sociales.
En 2022 los argentinos consumieron más de 275 millones de kilos de yerba mate y, según estudios encargados por el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYA), este producto está presente en más de 90% de los hogares.
Los orígenes
Los orígenes del mate se remontan a la cultura de la etnia guaraní, que utilizaba las hojas de la planta de yerba mate (Ilex paraguariensis) como bebida, y eran objeto de culto y ritual, y moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos como los incas, los charrúas y aun los araucanos a través de los pampas.
Caá en lengua guaraní significa «yerba», pero también significa planta y selva. Para este pueblo, el árbol de la yerba es «un regalo de los dioses» y tomar la savia de sus hojas representaba beber la selva misma.
Los conquistadores aprendieron de los guaraníes el uso y las virtudes de la yerba mate e hicieron que su consumo se difundiera a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde, religiosos jesuitas introdujeron el cultivo en las reducciones distribuidas en el norte de la Argentina y sur de Paraguay y sudoeste brasileño, y fueron los responsables de que la yerba mate fuera conocida en el mundo «civilizado» como el «té de los jesuitas».
Recién en 1903 en Santa Ana (provincia de Misiones) se realiza la primera plantación de yerba mate para reemplazar el consumo de plantas silvestres que crecían en la selva, que desaparecieron por la sobreexplotación del recurso.




































































