La canciller alemana, Angela Merkel, y los líderes regionales acordaron extender el confinamiento en Alemania hasta el 18 de abril después de que las tasas de contagio por COVID-19 casi se duplicaran en un mes, lo que evidencia las dificultades que tiene Europa para contener la pandemia.
Merkel y los 16 primeros ministros estatales del país decidieron este lunes prolongar las medidas, que incluyen el cierre parcial de tiendas no esenciales y el cierre de hoteles, restaurantes, gimnasios y locales culturales. La decisión se tomó tras una extensa reunión de 11 horas, ante el ímpetu que tomó la tercera ola – con la variante británica ya como mayoritaria- cuando aún no se había aplacado completamente la segunda.
La canciller advirtió que la situación es «muy grave» y apuntó la importancia de no «sobrecargar el sistema sanitario». «Tenemos una nueva pandemia con la propagación de la variante británica», señaló Merkel e indicó que esta mutación es «más mortífera, más infecciosa» y provoca convalecencias más prolongadas.
El acuerdo incluye prolongar las restricciones generales hasta el 18 de abril, reducir los contactos interpersonales a una persona no conviviente y prevé incluso los toques de queda en las localidades en las que la incidencia acumulada sobrepase los 100 nuevos casos por cada 100.000 habitantes en siete días, según consigna Cadena Ser.
Además, se prolongarán los festivos de Semana Santa por delante y detrás, entre el 1 y el 6 de abril. Tan sólo algunos comercios esenciales -y con limitaciones- podrán abrir estos días, como gasolineras, farmacias y las tiendas de alimentación.
«Vemos la intensidad del crecimiento exponencial y creo que los días extra de Semana Santa serán una contribución a los esfuerzos para controlar la pandemia», afirmó la canciller.





































































