La sorpresiva muerte del fiscal Alberto Nisman fue uno de los hechos que mayor conmoción generó en el mundo político y judicial en la última década, pero a siete años del hallazgo de su cuerpo con un disparo en la cabeza sigue sin haber una resolución sobre si fue un suicidio o un asesinato.
En la noche del 18 de enero de 2015, el cuerpo del entonces fiscal de la causa que investiga el atentado contra la AMIA fue hallado en el baño de su departamento de Puerto Madero por su madre, Sara Garfunkel, con un orificio de bala en la cabeza.
La muerte se dio cuatro días después de que Nisman denunciara a la entonces presidenta Cristina Kirchner y su canciller Héctor Timerman, junto a otros funcionarios y dirigentes cercanos al kirchnerismo, por presunto intento de encubrimiento del atentado a la AMIA y un día antes de que se presentara en el Congreso.
La denuncia de Nisman apuntaba contra el Memorándum de Entendimiento con Irán que había promovido la Argentina y que fue aprobado por el Congreso: el fiscal afirmó que detrás había un pacto para que cesaran las alertas rojas contra los iraníes acusados.
El sábado 17 de enero, Nisman había recibido en su casa al técnico informático Diego Lagomarsino, titular de la pistola Bersa calibre 22 que efectuó el disparo mortal en la cabeza del fiscal.
A partir del hallazgo del cuerpo y en medio de la agitación política por el hecho, se abrieron básicamente dos hipótesis: la del suicidio -voluntario o inducido- y la del asesinato político, sostenida entre otros por la exesposa de Nisman y jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado.
Al día de hoy la polémica sobre el caso sigue vigente y la causa avanza entre pericias contradictorias entre si y mucho tironeo político.
Fuente: NA






































































