Un equipo de astrónomos internacionales detectó rastros de fosfano o fosfina (PH3), una molécula formada por un átomo de fósforo y tres átomos de hidrógeno.
En la Tierra se asocia a la fosfina con la vida. Se encuentra en los microbios que viven en las entrañas de animales como los pingüinos o en ambientes pobres en oxígeno como los pantanos.
Los astrónomos han especulado durante décadas con la posible existencia de estos microorganismos en las nubes altas de Venus, los cuales flotarían libres de la superficie abrasadora pero que necesitarían de una muy alta tolerancia a la acidez. La nueva investigación, publicada hoy en la revista Nature Astronomy , podría apuntar a tal vida «aérea» extraterrestre.
«Cuando obtuvimos los primeros indicios de fosfina en el espectro de Venus, ¡fue un shock!», afirma en un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) la responsable del equipo, Jane Greaves, de la Universidad de Cardiff (Reino Unido). Estas primeras observaciones fueron llevadas a cabo en el año 2017 mediante el Telescopio James Clerk Maxwell, situado en Hawai.

Para confirmar su descubrimiento hicieron falta las 45 antenas del telescopio ‘Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA)’ de Chile, un instrumento de mayor sensibilidad al que está asociado al European Southern Observatory (ESO). Ambas infraestructuras han colaborado para analizar Venus en longitudes de ondas de aproximadamente un milímetro, mucho más de lo que el ojo humano puede percibir y que solo los telescopios a gran altura pueden detectar eficazmente.
El equipo internacional, compuesto por investigadores británicos, estadounidenses y japoneses, estima que la fosfina se da en pequeñas concentraciones en las nubes del planeta, del rango de 20 moléculas por cada mil millones. En base a sus observaciones, realizaron cálculos y simulaciones para determinar si las emisiones podrían provenir de fenómenos naturales no-biológicos.
Estos podrían incluir la acción de la luz solar, minerales eyectados desde la superficie, el vulcanismo o las tormentas eléctricas, pero ninguno de estos fenómenos podría explicar las concentraciones: las fuentes no-biológicas de fosfina sumarían como mucho una 1/10.000 parte de la fosfina detectada por los telescopios.
Cualquier organismo de Venus sería probablemente muy diferente de sus primos terrestres, pero ellos podrían ser, en última instancia, la fuente de fosfina en la atmósfera. Los investigadores, aunque sorprendidos, están convencidos de la validez de su hallazgo.
Al respecto, Clara Sousa Silva del Massachusetts Institute of Technology (MIT), integrante del equipo, define la fosfina como la «biofirma» de las formas de vida que no necesitan oxígeno en exoplanetas porque es un gas producido en muy pequeñas cantidades por los procesos químicos habituales.
«¡Encontrar fosfina en Venus fue un bonus extra!», valora Sousa. «El descubrimiento plantea muchas preguntas, empezando por cómo los organismos podrían sobrevivir. En la Tierra, algunos microbios pueden aguantar con un 5% de ácido en su entorno. Pero las nubes de Venus están formadas casi por completo por ácido».
Con todo, el equipo considera significativo su descubrimiento porque pudieron eliminar muchas alternativas como fuentes de fosfina, pero admiten que confirmar esta potencial «vida» extraterrestre va a costar más trabajo. Al contrario que la infernal superficie, las nubes altas de Venus se encuentran a unos tolerables 30 ºC. Pero con un 90% de ácido sulfúrico en su composición, su nivel de acidez no tiene nada que ver con la nubosidad en la Tierra, y dificultan las posibilidades de encontrar vida.





































































