Chile vivió este martes la quinta jornada consecutiva de protestas y caos, con largas batallas campales entre fuerzas de seguridad y manifestantes, saqueos a comercios y masivas manifestaciones para exigir mejoras en los sistemas de pensiones, salud y educación.
El subsecretario del Interior de Chile, Rodrigo Ubilla, confirmó este miércoles que la cifra de muertos durante las protestas que comenzaron el pasado viernes en el país se elevó a 18.
Mientras en las calles de la capital chilena se vivía este panorama de violencia y represión, el presidente Sebastián Piñera recibía en la sede del gobierno a líderes de los partidos políticos de la alianza gobernante y de la oposición, para analizar medidas destinadas a cumplir con el reclamo de los manifestantes. Aunque, en concreto, lo que quiere la ciudadanía es que renuncie.
En este marco, los dirigentes de los partidos Por la Democracia (PPD), Radical (PR) y Demócrata Cristiano (PDC) se reunieron en la tarde de ayer con Piñera en el palacio de La Moneda con un pliego de pedidos, que también exige respuestas sobre los muertos que contabiliza la revuelta.
El jefe del Estado escuchó pedidos para que los militares sean retirados de las calles y se ponga fin al estado de excepción declarado en medio del estallido social. Sin embargo, minutos después de comenzar el toque de queda de hoy, hizo una declaración oficial por televisión ratificando el estado de excepción.
Al cabo de ese encuentro, el ministro del Interior Andrés Chadwick, citado por La Tercera, anunció que Piñera próximamente daría a conocer una «propuesta de agenda social para avanzar en el país».
La ola de violencia llevó al gobierno a decretar primero el estado de excepción en todo el país y luego el toque de queda en varias ciudades, en un contexto en el que Piñera llegó a decir que Chile estaba «en guerra con un enemigo poderoso e implacable» cuya procedencia y objetivos no identificó.




































































