La festividad conmemora el dogma católico según el cual María, considerada madre de Jesús, estuvo libre de pecado desde el momento de su concepción
El 8 de diciembre se conmemora un hito para la Iglesia Católica: la concepción de la Virgen María. En el Día de la Inmaculada Concepción de la Virgen, que se celebra en Argentina como un feriado nacional, se suele armar el árbol de Navidad.
La Virgen en realidad nació el 8 de septiembre, pero como se celebra aquí el momento de su concepción, se le restaron nueve meses exactos a esta fecha para obtener la efeméride.
Además, la doctrina detalla que María de Nazaret, la madre de Jesús, nació libre de pecados. La celebración de hoy, y de cada año, resalta los valores de fe, empatía y caridad, que se ven representados en María, en nombre de Dios.
Un poco de historia
La Iglesia preservó desde sus inicios la certeza de que María es «Inmaculada», es decir, que no hay pecado.
Es a mediados del siglo XIX que el Papa Pío IX, después de recibir numerosos pedidos de obispos y fieles de todo el mundo, en comunión plena con toda la Iglesia, proclamó la bula «Ineffabilis Deus» (Dios Inefable) con la que queda decretado este dogma mariano:
«Que la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue preservada inmune a toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…» (Pío IX, «Ineffabilis Deus»).
El día elegido para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción fue el 8 de diciembre de 1854. En aquella ocasión desde Roma se enviaron cientos de palomas mensajeras portando el texto con la gran noticia. Se cree que unos 400 mil templos católicos alrededor del mundo repicaron campanas en honor a la Madre de Dios.
Unos tres años después (1857), en Lourdes (Francia), la Virgen María se le apareció a una humilde pastorcita, Santa Bernardita Soubirous, en repetidas oportunidades. En una de ellas se presentó a sí misma con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
En la actualidad son miles los templos -distribuidos en los cinco continentes- que están dedicados a «la Inmaculada»; y millones de fieles que a ella profesan particular devoción.




































































